
Tortugas: Lentas y constantes
Criaturas con armadura que llevan su casa a cuestas
Enseña la amabilidad a un ritmo suave y constante
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En el bosque moteado de sol, una pequeña tortuga despierta. Sonríe al sentir el peso reconfortante de su hermoso caparazón cubierto de musgo.
Avanzan nubes oscuras y gotas de lluvia fría comienzan a repiquetear sobre las hojas. Los demás animales del bosque se apresuran a buscar un lugar seco donde refugiarse.
A salvo dentro de su cálido caparazón, la tortuga observa a sus vecinos tiritando. Sabe que debe salir al bosque húmedo para ayudarlos.
Paso a paso y con lentitud, la valiente tortuga avanza entre los charcos que crecen. Sus patas chapotean suavemente, pero ella mantiene un ritmo constante y cuidadoso.
Encuentra una oruga que tiembla, varada en una hoja mojada. La tortuga le ofrece un lugar seguro y seco justo encima de su caparazón cubierto de musgo.
Divisa una mariquita mojada perdida entre la hierba alta. La tortuga la ayuda suavemente a subir junto a su nueva amiga oruga.
Una fuerte ráfaga de viento aúlla entre los árboles, haciendo que los pequeños bichos se aferren con fuerza a la superficie resbaladiza del caparazón.
Con un movimiento rápido, la tortuga mete la cabeza y las patas. Ahora, su resistente caparazón protege a todos del viento aullante.
Dentro del caparazón, todo está oscuro y acogedor. Los pequeños bichitos escuchan el repiqueteo de la lluvia, sintiéndose seguros en su hogar de tortuga.
El viento aullante finalmente amaina y la lluvia cesa. La tortuga asoma con cuidado la cabeza al aire fresco y limpio.
Un arcoíris colorido pinta el cielo. Los pequeños insectos bajan a la hierba resplandeciente, vitoreando a su valiente amigo.
La tortuga sonríe bajo el sol radiante. Sabe que avanzar despacio y con paso firme es la manera perfecta de llevar consigo el bienestar a dondequiera que vaya.
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