
Lobos de Yellowstone
Los lobos regresaron después de setenta años y los ríos cambiaron de curso.
Muestra cómo todo en la naturaleza está conectado
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Durante setenta años, el valle permaneció silencioso y seco. Ciervos hambrientos devoraron todos los árboles jóvenes, y el río turbio fue perdiendo su curso poco a poco.
Entonces, un aullido suave resonó entre las montañas. Una manada de lobos entró en el valle, lista para encontrar su antiguo hogar.
Al ver a los lobos, los ciervos corrieron hacia las colinas altas y seguras. Las orillas del río tuvieron por fin la oportunidad de descansar.
Sin los ciervos hambrientos, diminutos brotes verdes de sauce comenzaron a asomar entre la tierra. Crecieron altos y fuertes junto al agua.
Las aves construyeron nidos acogedores en las nuevas ramas de sauce, y unos castores muy activos llegaron para construir presas en el agua fresca.
A medida que las presas de los castores crecían, el agua se ralentizaba y formaba pozas profundas y cristalinas. El río comenzaba a encontrar su verdadero curso.
Pronto, intensas lluvias primaverales descendieron de las montañas, llenando el río de aguas turbulentas y caudalosas.
Las profundas raíces de los nuevos sauces sujetaban firmemente el suelo, protegiendo las orillas del río de la fuerza de la corriente.
Con las orillas firmemente sujetas, el río comenzó a curvarse y serpentear, trazando un camino nuevo y sinuoso a través del verde valle.
Pozas frescas y cristalinas rebosaban de peces que chapoteaban. Las ranas cantaban desde las orillas cubiertas de hierba, celebrando la nueva vida del río.
Todo el valle florecía de vida, más verde y salvaje de lo que había sido en setenta años. Todo estaba conectado una vez más.
Desde lo alto de la cresta, los lobos contemplaban el río serpenteante. Su regreso había ayudado a sanar todo el hermoso valle.
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