Los cuervos y las herramientas

Los cuervos y las herramientas

Los cuervos doblan alambres para hacer ganchos, recuerdan caras durante años y guardan rencor.

Despierta el asombro por lo inteligentes que pueden ser las aves

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El cuento

En lo alto del viejo roble, Corvus, el cuervo astuto, observaba el jardín bañado por el sol. Le encantaba todo lo que brillaba.

Pero el jardinero gruñón siempre ahuyentaba a Corvus. El ave astuta estudió su rostro ceñudo y lo memorizó durante mucho tiempo.

Una mañana, el jardinero dejó caer una llave de plata brillante en lo profundo de un tubo de madera estrecho y se alejó, frustrado.

Corvus saltó hacia abajo y se asomó al interior del oscuro tubo. La llave brillaba muy abajo, pero su pico era demasiado corto para alcanzarla.

Corvus divisó un trozo recto de alambre de cobre brillante entre la hierba. Saltó hacia allí para examinar su nuevo hallazgo.

Usando una piedra pesada, Corvus presionó el alambre hacia abajo. Con cuidado, dobló la punta con el pico para formar un gancho.

Con su gancho recién estrenado bien sujeto en el pico, Corvus regresó a saltos hacia la tubería oscura, listo para pescar el tesoro.

Bajó con cuidado el gancho de alambre hasta lo más profundo de la oscura abertura, tanteando en busca de la llave perdida.

¡Clic! El gancho atrapó la llave de plata. Corvus tiró lentamente, izando el brillante tesoro hacia la luz.

En ese preciso instante, el jardinero regresó y se detuvo en seco. ¡Jadeó al ver a la astuta corneja sosteniendo la llave brillante!

Corvus dejó caer suavemente la llave de plata justo a los pies del jardinero. El anciano sonrió con calidez, maravillado por su ingenio.

Aunque Corvus recordaba aquel viejo mal humor, decidió que un nuevo amigo era el tesoro mejor y más brillante de todos.

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