Desiertos: La vida sin agua

Desiertos: La vida sin agua

Cómo sobreviven los animales en los lugares más secos

Despierta la curiosidad sobre cómo sobrevivir sin agua

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El cuento

Bajo el sol abrasador, el pequeño zorro fénec estaba de pie sobre una duna de arena gigante. Sus orejas extraordinariamente grandes le ayudaban a mantenerse fresco en el calor seco.

El calor intenso ondulaba sobre la arena infinita. El zorro fénec miró a su alrededor en busca de un lugar fresco donde esconderse del calor creciente.

El sol del mediodía caía con fuerza. El zorro fénec trotaba rápidamente, buscando entre las interminables dunas algún pequeño rincón de sombra fresca.

Un arbusto diminuto se aferraba a la arena seca. El zorro fénec se apresuró hacia él, con la esperanza de que sus pequeñas ramas ofrecieran un poco de sombra fresca.

Llegó hasta el pequeño arbusto y olfateó la tierra seca bajo sus ramas. Era el lugar perfecto para empezar a cavar.

Con sus fuertes patas, el zorro fénec cavó rápidamente un profundo hueco en la arena. Trabajó con rapidez mientras empezaba a soplar el viento cargado de polvo.

El polvo se arremolinaba a su alrededor mientras el viento cobraba fuerza. El fénec seguía cavando, haciendo su refugio fresco más profundo y seguro.

Por fin, la profunda madriguera estuvo lista. El zorro fénec se acurrucó en su interior, a salvo del viento cortante del exterior.

Al mediodía, el desierto quedó en silencio y abrasador. A salvo dentro de su madriguera de arena, el zorro fénec esperaba pacientemente a que pasara el calor.

Con su larga cola bien recogida y abrigada, el zorro fénec dormía plácidamente. Sus grandes orejas escuchaban el tranquilo desierto que había arriba.

A medida que el sol se ocultaba tras el horizonte, el cielo del desierto adquiría un tono púrpura fresco. El zorro fénec salió al aire nocturno y refrescante.

Bajo el cielo estrellado, saltaba y jugaba. Con sus orejas especiales y su madriguera acogedora, el desierto seco era su hogar perfecto y feliz.

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