El día y la noche

El día y la noche

El sol no se apaga: somos nosotros los que nos alejamos.

Explica el día y la noche, y calma el miedo a la oscuridad

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El cuento

La pequeña Tierra giraba feliz bajo la cálida y radiante luz del sol. Envuelta en su bufanda de nubes esponjosas, disfrutaba de aquel día alegre.

En sus verdes colinas, conejos somnolientos y abejas atareadas jugaban bajo la luz dorada. Deseaban que aquel día feliz nunca terminara.

La Tierra amaba su rostro cálido y radiante, pero tenía que realizar una danza gigantesca. Comenzó a girar lentamente en el espacio azul profundo.

A medida que la Tierra giraba, largas sombras se extendían sobre la hierba. Los animales observaban cómo el sol descendía, sintiéndose un poco preocupados.

La Tierra apartó suavemente su rostro del sol dorado. Un cálido resplandor anaranjado tiñó el cielo a medida que el día comenzaba a desvanecerse.

Ahora, la Tierra llevaba puesto su gorro de dormir azul oscuro, cubierto de estrellas centelleantes. Les mostraba a los animales que la noche era suave y tranquila.

Un osito somnoliento tiritaba en el aire fresco de la noche. «¿Adónde se ha ido la luz cálida?», susurró a la oscuridad.

Un búho diminuto y valiente desplegó sus alas y voló alto hacia el cielo oscuro, en busca del sol desaparecido.

Mientras volaba muy por encima de las nubes, el pequeño búho jadeó de asombro. ¡El sol no se había apagado; seguía brillando con fuerza al otro lado de la Tierra!

El pequeño búho descendió en picado hacia el bosque oscuro, ansioso por compartir el maravilloso secreto de la luz dorada infinita.

Los animales se acurrucaron unos junto a otros, felices de saber que el sol siempre estaba allí. Cerraron los ojos en la oscuridad acogedora y tranquila.

La Tierra giraba suavemente en la noche tranquila. Sus amigos dormían profundamente, sabiendo que el cálido sol siempre los esperaba.

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