Los meses de espera

Los meses de espera

Un pequeño apoya la oreja en la pancita cada noche e imagina todo lo que le enseñará al bebé que aún no ha llegado.

Tranquiliza sobre la llegada de un nuevo bebé

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El cuento

Cada noche, cuando las estrellas empezaban a centellear, un niño pequeño se acurrucaba junto a mamá. Dentro de su barriga redonda, crecía un diminuto secreto.

El niño apoyó la mejilla cálida contra la suave barriga, escuchando atentamente los golpecitos diminutos y suaves del interior.

«Voy a ser hermano mayor», susurró el niño a la habitación silenciosa, cerrando los ojos para soñar con el futuro.

Se imaginaban enseñándole al bebé a apilar bloques de madera bien alto y a encontrar el musgo verde más suave del jardín.

Durante el día, el niño practicaba sus lecciones, enseñándole a su osito de peluche a compartir los juguetes y a tomarse de la mano.

A medida que las semanas avanzaban lentamente, la barriga de mamá se volvía aún más redonda. El niño marcaba cada día que pasaba en un calendario colorido.

A veces, la espera se hacía muy larga. El niño observaba las hojas que caían, preguntándose cuándo llegaría su nuevo amigo.

Ayudaron a preparar la habitación del bebé, colocando una suave manta tejida en la pequeña cuna junto a la ventana.

Una noche tranquila, un movimiento repentino y fuerte chocó contra la oreja del niño. Se sintió como un saludo diminuto y secreto desde el interior.

—No te preocupes —susurró el niño a la cálida protuberancia—. Te enseñaré a perseguir mariposas y a protegerte de la lluvia.

La larga espera estaba a punto de terminar. Esa noche, el hermano mayor se quedó dormido soñando con las dulces aventuras que estaban por llegar.

Por fin, la espera había terminado. Mientras sostenía un bloque de colores vivos para que el diminuto bebé lo viera, el orgulloso hermano mayor susurró: «Aquí es donde empezamos».

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