
Parasaurolophus: El dinosaurio trompetista
Un dinosaurio con una cresta musical en la cabeza
Fomenta la valentía para usar tu propia voz
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En lo profundo de la selva verde, Perry el dinosaurio tenía una cresta larga y hueca. Mientras los demás rugían, él solo emitía suaves susurros.
Perry soñaba con tocar una hermosa melodía para todo el valle, pero temía que su cresta musical sonara demasiado extraña.
Una mañana brumosa, una espesa niebla gris se extendió sobre la selva. Una familia de pequeños tricerátops se perdió en la penumbra.
Al oír sus tristes lamentos, Perry supo que su cresta musical podía guiarlos de regreso a casa. Solo tenía que encontrar el valor.
Perry respiró hondo e intentó soplar en su cresta. Pero, en lugar de un potente sonido de trompeta, ¡solo salió un chirrido diminuto!
Decidido a ayudar, Perry subió una colina alta y cubierta de musgo. Sacó el pecho e hizo otro intento, negándose a rendirse.
Lo intentó una vez más, y un zumbido cálido y dorado resonó entre los árboles. Su voz musical por fin estaba despertando.
De repente, un profundo retumbar sacudió el suelo mientras una sombra gigantesca surgía entre la espesa niebla. Perry sabía que debía ser muy valiente.
Erguido, lanzó un magnífico y dorado toque de trompeta. Las notas brillantes y musicales atravesaron la oscura niebla.
Guiado por las notas doradas y resplandecientes, el pequeño Triceratops perdido siguió la hermosa música a través de la niebla que se disipaba.
Entre gritos de alegría, el pequeño Triceratops corrió de vuelta con su familia. ¡Todo el valle estalló en aplausos para el valiente Perry!
Ya sin timidez, Perry encabezó con orgullo un alegre desfile al atardecer, pintando el cielo con notas coloridas mientras todos bailaban al ritmo de su alegre canción.
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