Braquiosaurio: El gigante gentil

Braquiosaurio: El gigante gentil

Un dinosaurio tan alto que podía comer de las copas de los árboles

Enseña que ser grande es una oportunidad para ayudar

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El cuento

En lo profundo del valle bañado por el sol, el braquiosaurio estiraba su largo cuello hacia las nubes para saborear las dulces hojas de las copas de los árboles, aún cubiertas de rocío.

Un grupo de diminutos dinosaurios se reunió cerca de sus pies gigantes. Miraron hacia la alta y verde bóveda de follaje con el estómago hambriento y rugiente.

El braquiosaurio sonrió a sus pequeños amigos y prometió ayudar. Caminó con cuidado entre los delicados helechos.

Extendió su largo cuello hacia lo alto, adentrándose en el espeso dosel verde del bosque en busca de las ramas más tiernas para compartir.

Abajo, en el suelo del bosque, los pequeños dinosaurios observaban con ojos grandes y llenos de esperanza, esperando a que cayera algún bocado delicioso.

Con gran cuidado, el Braquiosaurio entretejió su largo cuello entre las ramas gruesas, buscando las hojas perfectas y más suaves para sus amigos.

Una brisa cálida y repentina comenzó a agitar las ramas altas, susurrando secretos a través del espeso dosel verde.

El viento juguetón azotaba las ramas altas, tirando del colorido pañuelo muy por encima del suelo del bosque.

De repente, una fuerte ráfaga de viento atrapó su pañuelo a rayas, enganchándolo con fuerza en una rama alta y espinosa.

El braquiosaurio empujó pacientemente la rama espinosa con el hocico, esforzándose con cuidado por liberar su pañuelo favorito.

Con un suave susurro, el pañuelo se deslizó y cayó, provocando una magnífica lluvia de dulces hojas verdes sobre el suelo del bosque.

Los pequeños dinosaurios celebraron y disfrutaron del banquete. El braquiosaurio sonrió, feliz de que su gran estatura pudiera ayudar a sus amigos.

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