Ser amable

Ser amable

La amabilidad son, sobre todo, pequeñas cosas hechas a menudo.

Enseña la amabilidad cotidiana

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El cuento

A Mia le encantaban las mañanas soleadas en el parque. Mientras avanzaba a saltitos por el sendero, se detuvo para darle una diminuta gota de agua a una mariquita sedienta.

De repente, una ráfaga de viento se llevó volando los dibujos del señor Higgins. —¡No se preocupe, yo le ayudo! —gritó Mia, con sus zapatillas rojas listas para correr.

Mientras Mia perseguía los papeles, vio a un cachorro enredado alrededor de un banco. Interrumpió la persecución para desenredar suavemente la correa.

Cerca de allí, un niño lloraba porque su avión de juguete había volado hasta lo más profundo de un arbusto espinoso, quedando fuera de su alcance.

Mia metió la mano con cuidado en el arbusto espinoso para rescatar el juguete. Se lo devolvió al niño con una sonrisa cálida.

Pero el viento aún no había terminado. Arrastró el último dibujo —el más hermoso— hasta lo alto de las ramas de un roble imponente.

Mia se puso de puntillas y se estiró todo lo que pudo, pero el dibujo estaba justo fuera de su alcance.

Al ver que ella tenía dificultades, el niño corrió hacia ella con una gran sonrisa, listo para ayudar a su nueva amiga a alcanzar la rama alta.

El chico ayudó a Mia a subir con un impulso firme. Estirándose al máximo, ella logró tomar el dibujo de la rama sin contratiempos.

Mia le devolvió los coloridos dibujos al señor Higgins. El anciano artista resplandecía de alegría mientras sostenía a buen recaudo sus preciadas obras una vez más.

Por todo el parque, la gente empezó a ayudarse mutuamente. El niño pequeño compartió su juguete y otros recogieron ramas caídas.

Mia sonrió al darse cuenta de que ser amable no consiste en grandes gestos. Se trata de hacer cosas pequeñas y cariñosas, una y otra vez.

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