El bebé Hermes y la lira

El bebé Hermes y la lira

El dios griego Hermes, siendo un bebé travieso, inventa la lira con un caparazón de tortuga y se la cambia a Apolo por el trabajo de mensajero

Despierta la curiosidad y el ingenio

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El cuento

El bebé Hermes no era un bebé común. Se escurrió de sus cálidas mantas y gateó hacia las colinas soleadas en busca de aventuras.

En la cálida ladera, Hermes encontró un caparazón de tortuga liso y vacío. Lo golpeó suavemente con sus diminutos dedos, preguntándose qué podría hacer con él.

Con sus hábiles manos de bebé, Hermes tensó cuerdas sobre el caparazón hueco. ¡Acababa de inventar la primera lira!

Hermes pulsó las cuerdas y una melodía dulce y mágica flotó sobre las colinas. Incluso las flores silvestres parecían bailar al ritmo de su canción.

A lo lejos, el dorado Apolo estaba sentado bajo un olivo. Jadeó de asombro mientras la dulce y misteriosa música llegaba flotando a sus oídos.

Apolo siguió el hermoso sonido a través de las colinas. Se quedó maravillado al encontrar a un bebé diminuto tocando el maravilloso instrumento.

«¡Debo tener esa concha musical!», exclamó Apolo con los ojos muy abiertos por el asombro. Hermes sonrió con la astucia de un bebé, listo para cerrar un trato.

«Hagamos un trato», rio Hermes, «si me das esas sandalias aladas y me nombras mensajero oficial de los dioses».

Apolo aceptó el trato con entusiasmo. Entregó un par de sandalias diminutas y resplandecientes, con suaves alas blancas en los talones.

Hermes le entregó alegremente la lira a Apolo. Luego, le ajustó las diminutas sandalias aladas a sus regordetes pies de bebé.

Con una risita alegre, Hermes saltó por los aires. Las diminutas alas de sus sandalias aletearon, elevándolo muy por encima de las colinas cubiertas de hierba.

Hermes, el veloz mensajero de los dioses, surcaba alegremente las nubes, listo para compartir su alegría con el mundo entero.

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