
Frida Kahlo: La pintora de su propia vida
La pequeña Frida Kahlo está en cama tras un accidente, pero descubre que pintar le permite viajar a cualquier lugar con su imaginación
Muestra cómo la creatividad ayuda en los días difíciles
5 min de lectura · 3-5
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Frida estaba sentada y recostada en su tranquila habitación, con la pierna lesionada resguardada bajo las mantas. Suspiró, anhelando una gran aventura.
Su padre le trajo una caja de pinturas de madera. Mientras Frida mojaba el pincel en un amarillo radiante, una luz cálida y dorada comenzó a extenderse.
Con un trazo verde, enormes hojas de la selva brotaron de las paredes. Un ave de colores vivos aleteó justo al lado de su cama.
Ella pintó un puente de madera y se subió directamente a él. Unos monos amigables se columpiaban en las lianas, parloteando una alegre bienvenida.
En lo profundo de la selva, ella pintó un río azul resplandeciente. Peces centelleantes saltaban por el aire, dejando tras de sí estelas de polvo de estrellas.
Ella pintó una escalera de flores gigantes que se extendía hacia el cielo, trepando cada vez más alto entre las nubes.
Sobre las nubes, ella pintó un cielo de estrellas doradas en remolino. Cada una resplandecía como una cálida linterna en la noche azul oscuro.
De repente, una niebla fría y gris se extendió por el cielo estrellado, amenazando con borrar todos los hermosos y resplandecientes colores.
Frida se negó a dejar que la niebla gris la detuviera. Mojó su pincel en naranja intenso y rosa brillante para pintar un sol cálido.
El sol pintado irrumpió a través de la bruma gris, disolviéndola. Una luz cálida inundó de nuevo su hermoso y mágico mundo.
Lentamente, el cielo y la selva pintados se desvanecieron, llevando suavemente a Frida de regreso a su acogedor dormitorio. Pero los colores vivos permanecieron en su lienzo.
Frida sonrió y sostuvo con fuerza su pincel. Sabía que nunca estaba realmente bloqueada, porque su imaginación podía volar a cualquier parte.
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